En el mundo de los negocios internacionales y las transacciones transfronterizas, la línea que separa un incumplimiento de contrato civil de una infracción penal es, a menudo, extremadamente delgada. En Francia, el delito de estafa (escroquerie) es perseguido con rigor por brigadas financieras especializadas. Para un ciudadano o empresa hispanohablante, enfrentarse a una acusación de este tipo sin una defensa que domine tanto el Código Penal francés como la lengua española es un riesgo que puede costar la libertad y el patrimonio.